Hace poco volví de un largo viaje, da lo mismo el lugar porque esta vez quiero reflexionar sobre sus beneficios.
Viajar sirve para comprender que no estamos solos en el mundo; que no somos tan "originales" como creemos y eso, culturalmente hablando, nos devuelve cierta modestia perdida al observar nuestro alrededor, creyéndonos los pioneros en todo cuando en realidad no somos más que una fracción pequeñita de una enorme masa animal cuyos comportamientos, más frecuentemente de lo que imaginamos, se parecen mucho.
Luego, viajar hace bien para desarrollar la tolerancia. Lo digo pensando en los viajes en grupo, como fue mi caso esta vez. Claro porque, como la necesidad obliga, viajar ayuda a darnos cuenta que no somos todos iguales, que no tenemos los mismos intereses aunque seamos muy cercanos profesionalmente y que, a pesar del "pacto inicial" y los "itinerarios" planificados, el factor sorpresa (ley de murphy diría más de alguno) siempre está al acecho, pronto para abordarte y hacer cambiar todos los planes, desde qué linea de metro tomar, pasando por qué comer, qué comprar, a dónde ir o si tormarse un café o no porque, a menudo, nunca hay tiempo para nada.
Viajando respiras otros aires, ves otros paisajes y te transformas en una suerte de antropólogo que busca su propio origen. Algo muy positivo en la vida de cualquiera.
Viajar también hace bien para poner distancia, física y mental, de la propia vida. De hecho volar siempre me ha ayudado para "ver" desde arriba qué he hecho, qué he priorizado y hacia dónde debo dirigirme. Es casi como una suerte de sanación psicológica que ordena mi quehacer cotidiano y lo jerarquiza con más neutralidad.
Viajar hace descubrir y conocer gente curiosa, variopinta (como decía un viejo conocido), interesante con quienes puedes compartir la vida, demostrando que si depende de ti, podrás re-comenzar una y mil veces... y eso te da una tranquilidad espiritual que no tiene precio.
Viajar hace extrañar al ser amado.
Viajar te hace conocer en primera persona, sin intermediarios, sin filtros, de manera brusca, a veces bruta y fresca la realidad, lo cual tiene un valor incalculable. No es lo mismo hablar del Partenon a ver sus frisos con tus propios ojos... una vez más me emocioné y fui muy feliz contemplando la Historia.... gracias vida por dejarme cumplir mis sueños...
... y no estaba muerto...no no...
... y no estaba muerto no no...
...estaba tomando caña...
Joaquín Sabina